Mi estrategia personal se basa en ser fiel a los principios fundamentales de la vida: actuar sin traiciones ni mentiras, dar sin esperar nada a cambio y practicar la gratitud. Son principios sencillos; creo firmemente que todos podemos ser mejores si evitamos la soberbia y no nos sentimos superiores a los demás.
Es importante recordar nuestros inicios, cuando la soledad y la incertidumbre eran comunes. No debemos hacer sentir así a los demás, especialmente a quienes se integran recientemente al equipo. Hemos ganado nuestras batallas luchando, y esa determinación debe acompañarnos siempre.
El poder es inherentemente peligroso y puede corromper tanto al mejor como al peor. El verdadero liderazgo se otorga a aquellos que están dispuestos a sacrificarse por el bien común. Si te encuentras solo a pesar de estar rodeado de gente, es momento de reflexionar; la soberbia es una mala compañera, mientras que sembrar buenos actos cosecha lealtad.
Para concluir, comparto algunos pensamientos sobre la lealtad que guían mi visión:
1. La lealtad del soldado se prueba cuando la batalla se recrudece.
2. La devoción conduce a la valentía, al sacrificio y, finalmente, a la confianza en el poder del amor.
3. Los caminos de la lealtad son siempre rectos.
4. La lealtad no depende de las circunstancias; es la permanencia de los principios.
5. Una promesa cobra valor real solo cuando entra en juego la lealtad.
6. Mi identidad se forma a través del amor y la lealtad que brindo a las personas que valoro.
7. Lealtad significa ofrecer una opinión honesta, independientemente de si es lo que el otro desea escuchar.
8. La lealtad nace en el corazón humano, en el respeto a uno mismo y en la dignidad; no se puede producir en serie.
9. El interés genuino por los demás genera amigos y fortalece la cohesión del grupo.
10. Aunque muchos hablan de lealtad, pocos la practican, pues requiere una preparación espiritual que no todos poseen.
11. Ser leal brinda la seguridad de transitar un camino recto y con sentido.
12. La lealtad es algo con lo que se nace; no la otorga la clase social, el dinero ni la inteligencia.